sábado, 27 de abril de 2013

Los nazis imponen la ley del odio en un barrio de Berlín



El barrio de Schöneweide, un vecindario obrero degradado en el antigua Berlín Este, se ha convertido desde hace unos años en el embrión de lo que los neonazis denominan una National befreite Zone (zona nacional liberada), un feudo habitado por estos fanáticos y sus simpatizantes, de donde se ha expulsado a la comunidad extranjera y a parte de los vecinos opositores, y que trabaja en red de forma autogestionada con un objetivo: la proclamación del Cuarto Reich.
En un área de poco más de 600 metros se concentran varios puntos de la infraestructura marrón, el color que identifica al nacionalsocialismo. El lugar más destacado y concurrido de la Brückenstrasse es la taberna Zum Henker (Mesón del Verdugo), abierta hace tres años por un conocido neonazi de origen inglés, Paul Barrington. En ella se sirve sin tapujos el cóctel Himmla, en honor al jefe de las temidas unidades SS Heinrich Himmler. Pero las referencias al universo icónico construido por los nazis no se quedan en homenajes a alguno de sus líaderes: en el bar se sirve una cerveza, bautizada con el nombre de Odin, el dios principal de la mitología nórdica, tan querida para los secuaces de la ideología totalitaria. Cuesta 88 céntimos (el código nazi para Heil Hitler!). La tasca tiene las puertas y las ventanas protegidas con planchas metálicas.
Las tiendas de esta calle berlinesa parecen un parque temático de exhaltación de la violencia. Para empezar, uno de los puntos calientes: un negocio de venta de ropa donde se ofertan actividades de airsoft (un juego de simulación militar) y material como porras extensibles y aerosoles de pimienta. La tienda, Hexogen, es propiedad de Sebastian Schmidtke, presidente del Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD, en sus siglas en alemán) en Berlín. Schmidtke reside en la misma calle y es uno de los principales líderes e ideólogos de los Autonome Nationalisten (Nacionalistas Autónomos), una fación obrerista militante que copia la estética del bloque negro (gorra de béisbol y sudadera negra con capucha), usurpa las imágenes del Che Guevara y el pañuelo palestino, pero sigue los postulados del strasserismo, la rama del nazismo más anticapitalista, dejando a un lado las cabezas rapadas, las cazadoras bomber, las camisas Lonsdale y las botas militares.
A escasa distancia, otros negocios ofrecen otras mercancías y servicios en este siniestro microcosmos fanático: una fonda (Zur Haltestelle) y una tienda de víveres y quiosco (GetränkeMarkt) registrados a nombre del neonazi Thomas Barutta. Barutta es también propietario de El Coyote, un local de striptease en la Edisonstrasse.
No muy lejos, en esa misma calle, la sala de conciertos Dark7side –donde se llevan a cabo conciertos y fiestas de RAC (Rock Against Communism)– y, por último, a una manzana escasa, una enorme y propagandística librería, llamada Der Soziale Buchladen (La Librería Social), regentada por miembros del NDP, como Henryk Wurzel, que empezaron su militancia en los grupos neonazis de la antigua Alemania del Este. En resumen, una ciudad en la que la exaltación de la estética nazi probablemente sirve para hacer proselitismo entre quienes se sienten ya tentados por esa ideología....
http://www.lamarea.com/2013/04/26/los-nazis-imponen-la-ley-del-odio-en-un-barrio-de-berlin/

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